Un camí cap a l'autèntic autoconeixement

DANA Y LAS TRES DIOSAS (segunda parte)

Segunda parte (y última) de un relato dedicado a todas las mujeres, sobre todo a las que han aprendido a amar más a los suyos que a ellas mismas.

Soñando sola

Dana se quedó clavada y boquiabierta, alucinando con lo que le estaba pasando. En primer lugar, nunca había contado a nadie este pequeño deseo que desde siempre le rondaba por la cabeza.

Aparte de eso, era mucha casualidad que alguien coincidiera con este deseo y que, además, se lo hubiera encontrado escrito en un papel en estas extrañas condiciones. Además, el perro iba corriendo libremente, sin dueño y sin collar, o al menos eso le había parecido percibir. Estupefacta, la siguiente cosa que le vino a la mente fue la palabra “sincronicidad”.

Algo había leído en algún artículo que una amiga le había recomendado. Se fue corriendo a casa y encendió el ordenador para hacer alguna búsqueda, pero después de dedicar un buen rato y darse cuenta que no sacaba nada en claro, abandonó sus intentos. Acto seguido, y al comprobar que estaba pulsando sin darse cuenta el recipiente de plástico con fuerza, se levantó y fue a guardarlo en un cajón del escritorio.

Cuando pudo conciliar el sueño, soñó que iba caminando hacia el agua, desnuda en una playa desierta. Y cuando iba a zambullirse en los misterios del mar, entró en pánico y se despertó de nuevo sobresaltada y con la respiración entrecortada. Esa noche no había nadie durmiendo junto a ella. Se calmó con sus propios recursos y de nuevo se durmió tranquila y liberada.

Tres meses después, ya muy cerca del verano, Dana se fundía sin ropa con el agua salada. La penumbra de un caluroso ocaso de junio se lo facilitó. Cuando ya se esfumaba el sol, dijo que se iba de casa a hacer unos recados y en pocos minutos se zambulló en el agua calmada y fresca, y la experiencia fue realmente liberadora. Comprobó como aquella acción tan simple hacía que las sensaciones físicas se acercaran a su esencia. Fue como un soplo de libertad que la hizo alimentar un poco más de amor hacia ella misma, seguridad y poder. Volviendo a casa, experimentaba una mezcla de ilusión e inquietud sabiendo que el siguiente paso era ir a rescatar el botecito del cajón del escritorio y leer el segundo de los papelitos.

Bienvenidas Empatía y Valentía

Sobre la una de la madrugada, cuando todo el mundo ya dormía, se volvió a mover circularmente la rosca del tapón de plástico entre los dedos de Dana. De nuevo el universo se detuvo y aquel roce casi imperceptible retumbó exponencialmente ahora en los sentidos de la diosa Empatía, quien hacía décadas esperaba los efectos del baño de Dana. Dos dedos más firmes pero no menos excitados que en la anterior ocasión extrajeron el segundo papel doblado y Dana lo leyó con atención: “Ahora que ya te sabes cuidar y te tienes en cuenta, podrás cuidar de los tuyos, desde una proximidad observadora y silenciosa, pero sin querer abarcarlo todo “.

Este mensaje no tenía la concreción del primero y Dana se quedó pensando en su significado. Aparte, la agitó algún ego escondido y se incomodó un poco. Hasta un par de horas después no pudo conciliar el sueño y durante aquellos minutos pasaron flotando por la habitación imágenes de sus padres (a quien compadecía por no haber alcanzado un bienestar material más grande), del hermano mayor (por los que sufría por el estado de salud que una vez algún médico etiquetó), los dos hijos (por los que entristecía creyendo que no les daba tanto como lo que otros niños y niñas recibían de sus padres) …

Durante aquellos casi 120 minutos, mientras el mundo dormía, Dana logró congeniar con el silencio, la paz y la oscuridad. Estaba empezando a entender el mensaje del segundo papelito. En medio de este espacio de auto conexión, su marido gimió víctima de alguna pesadilla posiblemente fruto de sus preocupaciones herméticas, no expresadas cuando era necesario.

Esta vez Dana no interrumpió la evolución de la vivencia onírica, recordando el mensaje escrito en el papelito, lo que sí hubiera hecho poco tiempo atrás. El propio subconsciente de su compañero hizo el trabajo que tenía que hacer, sin la ayuda de Dana. Al día siguiente, volvió a guardar el bote de plástico con el último papel dentro.

Si durante aquellos meses de primavera Dana aprendió a abrazar nuevas esperanzas y perspectivas para enfocar un futuro más alentador, los meses del verano vinieron acompañados de los hábitos de siempre: el final de la escuela de los niños con lo que eso le suponía, la planificación de alguna salida de cara a las vacaciones compartidas por todos…

También menudearon los encuentros con otros miembros de la familia y amistades para aprovechar el buen clima. Es decir, la falsa seducción de aquella época sobrevalorada y venerada era un riesgo para continuar el camino del cambio iniciado por Dana desde la aparición del gran perro blanco. Su espacio se volvió a llenar de prácticas complacientes para los que la rodeaban, y paulatinamente se fue encontrando de nuevo atrapada en una rueda de obligaciones y responsabilidades que tenía enquistada desde la infancia.

No hizo ni el intento de sentarse de nuevo fuera el jardín para ver si aquel genio de cuatro patas, sin lámpara maravillosa, le ofrecía mes deseos.

Y así fueron pasando los días hasta que algunos truenos y aguaceros de finales de agosto anunciaron el final de las vacaciones y la proximidad del otoño con su inseparable melancolía.

Fue entonces cuando Dana recordó que en el cajón del escritorio guardaba todavía un tesoro medio olvidado. Esperó de nuevo a su amiga la noche y, con su complicidad, se dirigió despacio hacia la habitación donde permanecía el recipiente.

A cada paso que avanzaba se sentía más fuerte y sabía que había llegado un momento importante. Por fin desenroscó el tapón para coger el último de los mensajes. Mientras lo leía, la tercera diosa se movía y se sacudía el sueño el sueño, al acecho de la señal de Dana. Había llegado el momento de dar la mano a la diosa Valentía.

El mensaje decía: “Ha llegado el momento de que tomes las decisiones que no paran de rondar por tu cabeza desde quién sabe cuándo y que no te atrevías a ejecutar. Sabes cuáles son, haz una lista y actúa ya. Mueve el mundo, no dejas que él te mueva ti. Alguien se ofenderá, alguien verá recortados sus propios privilegios, habrá quien se sorprenderá, unos gratamente y otros no, habrá quien te pondrá trampas y también quien te apoyará y te acompañará. Declara la guerra a la culpa, al miedo y al qué dirán. Sé tú y triunfa, ahora ya estás preparada y únicamente depende de ti “.

En esta ocasión el escrito se entendía a la perfección, no había que pensar más ni darle más vueltas, así que se fue directamente a la cama y aquella noche durmió profunda y relajadamente como nunca recordaba haberlo hecho. Al día siguiente, Dana ya se puso manos a la obra.

Fuera llovía intensamente, pero Dana no lloraba porque no tenía ganas, y tenía los ojos iluminados, aunque las nubes pintaban de gris el cielo, porque sabía que estaba aprendiendo a colorear cuando quisiera su trayecto con diferentes matices y tonalidades, haciendo desaparecer las nieblas espesas que le habían hecho ver la existencia de forma borrosa y confusa durante muchos años.

EMPATIA Y VALENTIA

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